Distrofia simpática refleja

Además de causalgia, la DSR también se conoce como atrofia de Sudeck, neuralgia postraumática y síndrome hombro-mano. Todos estos nombres se utilizan indistintamente, lo que aumenta la confusión al diagnosticar y tratar la DSR. En 1995, los especialistas organizaron un seminario para analizar la DSR. Coincidieron en que era posible que lo que se denominaba DSR podía ser en realidad dos o más enfermedades distintas con síntomas similares. El comité recomendó que se cambiase este nombre por el de síndrome de dolor regional complejo (CRPS, por sus siglas en inglés, o SDRC, por sus siglas en español) tipo I y tipo II, en un intento por clarificar más el diagnóstico de la enfermedad. El SDRC tipo I lo suele ocasionar un tejido dañado y presenta los síntomas que mencionaremos más adelante, pero sin lesión subyacente de los nervios. Los pacientes con SDRC tipo II experimentan los mismos síntomas pero sus casos están claramente asociados a una lesión de los nervios.



¿Qué es la DSR?
La DSR es un trastorno por dolor crónico. Los síntomas más comunes son un dolor abrasador intenso, una extrema sensibilidad al tacto, inflamación, sudor y cambios de color y temperatura de la piel en la parte del cuerpo o extremidad afectados. Algunos expertos creen que la DSR es una respuesta extrema del sistema nervioso simpático y no existen estudios que demuestren que la DSR repercute en la esperanza de vida de una persona. En las etapas avanzadas de la enfermedad, los pacientes pueden experimentar problemas psicológicos significativos, adquirir dependencia a los narcóticos y quedar completamente incapacitados físicamente.



Causas de la DSR
La etiología, o causa, más común de la DSR es el trauma o lesión de una extremidad, aunque puede afectar a cualquier parte del cuerpo. El trauma no tiene por qué ser grave. Desgraciadamente, algo tan común como un esguince de tobillo o incluso una espina en un dedo puede originar este problema potencialmente crónico y limitativo. Otras posibles causas son un ataque cardiaco, una infección, una intervención quirúrgica y los trastornos por movimiento repetitivo. En algunos pacientes, no es posible identificar la causa exacta.



Signos y síntomas
El primer síntoma asociado a la DSR es el dolor, generalmente descrito como un ardor constante o dolor intenso. Evoluciona hasta convertirse en un dolor crónico y grave y normalmente se inflama la extremidad dañada. En ese momento, el edema se halla localizado en una zona concreta y la piel se hace muy sensible al tacto. La disminución de la función motora y la fuerza muscular están asociadas a la articulación de la extremidad. También pueden presentarse temblores y espasmos musculares. Con el tiempo, la piel puede degenerarse y se pueden empezar a producir cambios en las uñas. La mayoría de los pacientes experimentan un cambio significativo en la temperatura de una extremidad en comparación con la otra. La osteoporosis puede ser detectada en densitometrías óseas y, cuando la inflamación de la zona dañada se pica, aumentan las probabilidades de sufrir infecciones de la piel. En algunos casos, los síntomas se extienden a otras extremidades donde no existe lesión y el trastorno se hace mucho más difícil de controlar. La propagación hacia áreas no dañadas aumenta la dificultad a la hora de diagnosticar y tratar la DSR para un médico que no está familiarizado con esta común característica.
Diagnóstico
Al diagnóstico de la DSR se llega tras descartar otras enfermedades mediante un proceso de eliminación y requiere un historial médico completo y una evaluación física y psicológica. No existe un solo análisis de laboratorio para la DSR pero algunas pruebas ayudan a confirmar el diagnóstico. Un termograma es un método no invasivo que mide el aflujo calorífico de la superficie corporal con una cámara de video infrarroja especial. Es una de las pruebas más usadas en casos sospechosos de DSR, pero los resultados aún no son concluyentes a la hora de realizar un diagnóstico. Los bloqueos intravenosos del nervio simpático ayudan a determinar qué cantidad de dolor está causada por una disfunción del sistema nervioso simpático. Un buen bloqueo simpático debería aumentar la temperatura de la extremidad sin producir un mayor entumecimiento o deficiencia. Esto garantiza al médico que solo están bloqueados los nervios simpáticos y se puede realizar una cuidadosa evaluación para determinar cuánto ha disminuido el dolor o si no ha variado en absoluto.
Aunque los resultados de radiografías, electromiogramas (EMG), estudios de conducción nerviosa, TACs y resonancias magnéticas pueden presentarse normales en la DSR, ayudan a identificar otras posibles causas del dolor. Cualquier otro problema médico debe ser identificado y tratado porque la DSR puede ser causante de otra enfermedad o condición, como un ataque cardiaco, el síndrome del túnel carpiano o una fractura ósea. Muchas veces, no se detecta un diagnóstico dual porque el médico ha identificado el problema o enfermedad principal y no continúa buscando otro achaque, como la DSR.



Tratamiento
Puesto que esta enfermedad es tan compleja, el paciente puede necesitar asistencia por parte de cualquier combinación médicos, incluido un especialista del dolor, un internista, un neurólogo, un ortopedista, un psiquiatra y un fisioterapeuta, dependiendo de la gravedad del caso y de otras enfermedades. Se usan medicamentos tales como los analgésicos, relajantes musculares y narcóticos. Los bloqueos de nervios simpáticos ayudan a aliviar el dolor y aumentar la circulación sanguínea. También se han usado las bombas de infusión de morfina para aliviar el dolor y los estimuladores de la médula espinal implantados bajo la piel de la columna envían señales eléctricas para bloquear el dolor. La fisioterapia y rehabilitación realizadas para incrementar la función de las articulaciones y la amplitud de movimiento deben practicarse en todas las etapas de esta enfermedad. Una de las cosas más importantes que debe hacer un paciente es ser activo y mover las extremidades tanto como le sea posible. El ejercicio diario siempre debe formar parte del programa de control del dolor. También es importante el asesoramiento psicológico.
La DSR resulta muy frustrante para el paciente y para el equipo médico porque cambia y extiende, causando así la aparición de nuevos síntomas. Para algunos pacientes de DSR, el dolor que sienten es extremadamente exagerado si se compara con el tipo de lesión que padecen y no es raro que se les diga que el problema podría ser psicológico. A menudo se pierde la oportunidad de recibir un tratamiento anticipado agresivo y útil porque los médicos se centran en el estado mental del paciente, que puede presentar signos de depresión y ansiedad debido al intenso dolor y a no saber qué le ocurre. Aunque la ayuda psicológica es beneficiosa, puede colocar una barrera entre los pacientes y otras personas si los pacientes sienten que los demás no entienden su dolor o no creen que sea tan intenso como ellos aseguran.
Aún cuando se detecta y se trata, la DSR puede evolucionar y llevar a una vida de discapacidad a largo plazo con dolor constante, debilidad muscular y pérdida de movilidad debido a deformidades permanentes. Se han dado casos de amputación de extremidades por dolor intenso o infecciones mortales; sin embargo, la DSR se puede extender a otras zonas después de que la extremidad afectada haya sido amputada.